Pon orden en tu web optimizando la arquitectura de la información

¿Sabes que una de las claves para que tu web o app tenga éxito es organizar bien su contenido? Para ello es importante que cuentes con una buena arquitectura de la información, ya que dar a tu web una estructura lógica y consistente mejora significativamente la usabillidad y la experiencia de las personas usuarias, y además es importante para el posicionamiento en buscadores. Así que no lo tomes a la ligera y sigue leyendo para saber qué es y cómo puedes mejorar la arquitectura de tu web o app.

El término «arquitectura de la información» fue popularizado por el arquitecto Richard Saul Wurman en 1976, durante una conferencia del Instituto Americano de Arquitectos. Wurman definió la arquitectura de la información como «el estudio de la organización de la información con el objetivo de permitir al usuario encontrar su vía de navegación hacia el conocimiento y la comprensión de la información».

Aunque esta primera definición está enfocada a cualquier sistema de información, no sólo el de un producto digital, nos deja algunas ideas muy interesantes. Por ejemplo cuando habla de encontrar «su vía de navegación», refiriéndose a la persona que está usando el sistema, es decir, de centrarnos en las personas usuarias y su forma de navegar. Para lo que es fundamental partir de una buena investigación.

Por otro lado, en su libro «information Architecture» Luis Rosenfeld y Peter Morbille definen la arquitectura de la información como : «… el arte y la ciencia de estructurar y clasificar sitios web e intranets con el fin de ayudar a los usuarios a encontrar y manejar la información». De nuevo, el foco está puesto en ayudar a los y las usuarias a encontrar lo que necesitan.

En definitiva, la arquitectura de la información tiene como objetivo clasificar la información y crear una estructura que ayude a las personas a navegar por la web, guiándolas hacia el contenido que necesitan y permitiéndoles saber dónde se encuentran en cada momento.

Parece algo sencillo ¿verdad? No siempre lo es.

Es cierto que algunas páginas tienen estructuras similares a las de otros sitios del mismo tipo o sector, en las que se repiten configuraciones muy similares y, por tanto, son fáciles de organizar. Pero también existen productos digitales muy complejos, con grandes sistemas de información, muchas interconexiones entre los contenidos y diversas funcionalidades, en las que crear una estructura consistente y comprensible es más complejo.

Pensemos por ejemplo en algunas páginas de la Administración, donde podemos realizar tareas complejas en línea; o en el comercio electrónico, con múltiples categorías y productos para elegir. O en la web de un centro educativo, con diversos departamentos, acceso a diferentes funcionalidades, instrucciones, documentos relevantes, etc., y donde puede haber distintos roles de usuario. Aquí es muy importante trabajar bien la estructura.

De hecho, según mi experiencia, incluso en las webs más básicas, dedicar un tiempo a esta tarea y partir de una arquitectura consistente e intuitiva puede solucionar a largo plazo muchos quebradores de cabeza. Una buena base nos ayudará a poder mantener la usabilidad durante todo el ciclo de vida del sitio, permitiendo así tener un producto escalable que pueda crecer en contenido y/o desarrollar nuevas funcionalidades en un futuro.

Dicho esto, sin embargo, no sería lógico creer que la arquitectura sólo tiene que ver con las personas usuarias. A la hora de crear la arquitectura para nuestro producto no podemos olvidarnos de los objetivos a conseguir, los recursos con que contamos, los tipos de contenido que queremos o podemos incluir, el sistema del que partimos – si hay un sistema previo-, etc.

Arquitectura web Quimyfis
Árbol de contenidos del proyecto Quimyfis.

Cómo diseñar la arquitectura

Diseñar la arquitectura de la información no sólo implica sentarnos delante del papel en blanco y ponernos a dibujar el árbol de contenidos, debemos tener en cuenta algunas otras acciones y conceptos para conseguir el resultado deseado.

Análisis de los objetivos

Lo primero es tener claro cuál es el objetivo de nuestro producto digital. No es lo mismo que necesitemos captar contactos de posibles clientes, informar sobre los distintos eventos que se producen en un centro educativo a lo largo del año o divulgar entre la comunidad científica un nuevo conocimiento.

En todos estos casos la forma de estructurar y clasificar la información debe atender a conseguir estos objetivos, destacando unas informaciones sobre otras y primando un tipo de contenidos sobre otros.

Investigación

Teniendo claros nuestros objetivos podremos definir quién es nuestra audiencia y desde aquí podremos empezar a investigar su forma de navegar, qué tipo de lenguaje usa, etc. Todo para acercarnos lo más posible a crear una estructura por la que le sea fácil navegar.

Y en el caso de que nuestro producto no sea nuevo y estemos afrontando un rediseño, podemos aprovechar los datos de analítica de que dispongamos para ver cómo se mueven los usuarios y usuarias por nuestra web, cuantos de ellos se marchan sin hacer ninguna acción o cuál es el flujo que siguen en sus visitas. Así detectaremos problemas previos y sabremos mejor cómo actúan nuestros visitantes.

Jerarquización y clasificación

Lo primero es saber qué contenido vamos a incluir y establecer las relaciones entre los diferentes elementos. Hay que saber dónde espera encontrar esa información nuestro usuario o usuaria tipo, para adelantarnos a la forma de actuar de quien esta navegando por nuestro sistema.

Tendremos que clasificar nuestros contenidos, decidir cuáles son similares y pueden agruparse y cuáles no, creando distintas categorías. Y una vez hechas las agrupaciones podemos decidir cuál será la jerarquía, de forma que podamos crear un sistema bien organizado.

Aquí es donde debemos empezar a encontrar un equilibrio entre lo que el usuario o usuaria espera encontrar y nuestros propios objetivos.

De esta jerarquización surgirá un árbol de contenidos que representará la estructura que va a tener nuestra web. Y que puede ser desde un árbol muy sencillo hasta una estructura realmente compleja con múltiples ramificaciones.

Durante esta etapa podemos usar distintas herramientas que nos ayudarán a conseguir una estructura ideal, como los tests de usuario. En concreto son de utilidad el card sorting y el tree testing.

El card sorting, es una ténica en la que se proporciona a una muestra de personas las categorías para que las ordenen según su propio criterio, para así poder comparar las respuestas y sacar conclusiones. Podemos así evaluar como organiza el usuario nuestras categorías y si coincide con nuestra propia clasificación.

Este tipo de test puede ser abierto o cerrado. En el primero, dejamos que agrupen de forma libre, mientras que en el segundo damos ya unos grupos preestablecidos en los que usuarios y usuarias deben colocar las categorías dadas.

En el tree testing proporcionamos a los y las participantes un árbol de contenidos y les pedimos que realicen una tarea navegando por él – como por ejemplo, encontrar una información – y evaluamos si son capaces de realizarla y en cuánto tiempo lo consiguen.

Etiquetado

Si bien la jerarquización de los contenidos es importante, el etiquetado es fundamental para conseguir que el usuario comprenda qué acciones está realizando. Por tanto, al crear este etiquetado debe ponerse al usuario o usuaria siempre en el centro, teniendo en cuenta su forma de expresarse y su capacidad de comprensión de los distintos términos. No es lo mismo crear una página para un público muy especializado en una materia, que una página de divulgación pensada para usuarios y usuarias con un conocimiento básico del tema.

Con esto se consigue que nuestra jerarquía esté bien titulada y evitar ambigüedades o confusiones por parte de las personas. Además, un buen etiquetado es fundamental para el posicionamiento en buscadores.

Para conseguir el etiquetado perfecto podemos usar distintos tipos de tests, como los ya mencionados anteriormente, y guiarnos por la investigación; pero también es interesante realizar estudios de palabras clave que nos dirán cuáles son los términos que más usan las personas cuando buscan información similar en la red. Este método además nos asegurará un óptimo posicionamiento en buscadores.

Estructura interna de cada contenido

Si la estructura completa de la web es importante, no lo es menos la estructura interna de cada contenido. Decidir como vamos a estructurar la información dentro de cada página o tipo de contenido es importante para hacer sencilla la comprensión de la información.

Aquí además decidiremos que elementos deben incluirse en la página, si necesitaremos imágenes, vídeos, ilustraciones, etc., o el tono que daremos al contenido. Y a partir de este primer esquema podemos ir creando los primeros wireframes o protipos de baja fidelidad, desde los que podremos evaluar más fácilmente cómo será el resultado, e incluso comenzar a realizar tests de usabilidad con ellos.

Wireframe en papel.
Ejemplo de wireframe diseñado en papel. No es necesario que los primeros wireframes sean muy detallados, basta con diseños rápidos que reflejen la estructura. Imagen de Pexels en Pixabay

Cómo hemos visto la creación de la arquitectura de la información de nuestra web es uno de los primeros y más importantes trabajos que debemos realizar. Un trabajo que influye no sólo en la usabilidad y experiencia de las personas usuarias, sino también en el SEO, por lo que debemos tratarla con la mayor delicadeza y asegurarnos que es la ideal para nuestra web o app.

Para saber más

Imagen destacada: Foto de Jason Goodman en Unsplash

Autor

Marta Rico
Diseñadora freelance
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